Autor: Fernando Aylwin

  • Evitar sufrir: cuando protegerte demasiado te aleja de los demás

    Evitar sufrir: cuando protegerte demasiado te aleja de los demás

    ¿Te ha pasado que, en una conversación importante, sientes que no logras entender del todo lo que la otra persona quiere decirte? No es que no escuches ni que no te importe. Muchas veces ocurre porque, sin darte cuenta, estás más concentrado en protegerte que en conectar. Como psicólogo, veo este patrón con frecuencia, y suele tener un mismo trasfondo: alejarse de los otros para evitar sufrir.

    Cuando evitar sufrir se convierte en una barrera

    En algún momento de tu historia, probablemente en la infancia, aprendiste que sentir, confiar o abrirte podía doler. Frente a eso, tu mente hizo lo más lógico: se defendió. Así se instala una forma de estar en el mundo donde evitar el sufrimiento se vuelve prioridad. El problema aparece cuando esa defensa, que en su momento fue necesaria, sigue activa en la vida adulta.

    Entonces gran parte de tu energía se va en anticipar riesgos, cuidar lo que dices o interpretar al otro desde la sospecha. En ese estado, comprender los mensajes de quienes te rodean se vuelve difícil, especialmente en las relaciones cercanas, no porque no quieras hacerlo, sino porque tu foco está puesto en no salir herido

    Lo que ocurre cuando vives en modo defensa

    Cuando estás en modo defensivo, tu atención se dirige hacia adentro: a cómo te sientes, a qué podría salir mal, a cómo protegerte. Eso reduce tu capacidad de captar matices como el tono, los gestos o la intención real del otro, y la conversación deja de ser un espacio de encuentro para transformarse en un ejercicio de control.

    Este fenómeno fue descrito por John Bowlby, quien mostró cómo las experiencias tempranas de inseguridad influyen en la forma en que nos vinculamos de adultos. Dicho de manera simple, si aprendiste que el vínculo podía doler, tu sistema emocional se organiza para evitar sufrir, incluso cuando ya no es necesario.

    El primer paso no es forzarte a cambiar, sino observarte con honestidad y preguntarte si hoy estás reaccionando desde el presente o desde antiguas formas de protección. Cuando este patrón se trabaja, muchas veces en un proceso terapéutico, evitar sufrir deja de ser el eje de tus relaciones y comienza a aparecer algo distinto: mayor calma, más apertura y una escucha realmente disponible para el otro.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • ¿Eres el “décimo hijo”? La necesidad de reconocimiento que dirige tu vida

    ¿Eres el “décimo hijo”? La necesidad de reconocimiento que dirige tu vida

    Eres el décimo hijo. ¿Te suena familiar esa frase? No importa si eres el quinto, el séptimo o el décimo. Lo esencial es lo que te ha hecho sentir: una distancia con tus padres que se tradujo en una profunda necesidad de reconocimiento. 

    Esa invisibilidad que significó ser el hijo más pequeño de una familia numerosa proviene de esa lejanía con tus padres. Había demasiados hijos a quienes prestar atención.

    Durante la infancia, tu necesidad de ser visto, escuchado y validado por tus padres era vital. Si esa necesidad no se satisfizo porque siempre estabas en la “fila de espera”, tu niño interior se sintió herido. Esta herida es profunda y tiene consecuencias directas en cómo te relacionas con el mundo siendo adulto.

    La sombra del niño invisible

    Cuando te sentiste poco considerado o poco tomado en cuenta, desarrollaste estrategias inconscientes para ganarte ese espacio. Te convertiste en el “hijo problema”, el “hijo perfecto”, o el “hijo que no molesta”, todo con un objetivo: conseguir una migaja de atención y reconocimiento.

    Has crecido, eres adulto. Aún así sigues con esa necesidad de reconocimiento. 

    Esa necesidad de validación pudo convertirse en un motor poderoso que dirige tus decisiones:

    • ¿Buscas la aprobación constante tu trabajo?
    • ¿Necesitas que tu pareja o amigos destaquen lo bien que haces las cosas?
    • ¿Sientes un vacío si tu esfuerzo no es notado?

    Si la respuesta es sí, es porque tu necesidad de reconocimiento sigue gritando al mundo. Y, mientras ello ocurra, seguirás dependiendo de la opinión de los demás para sentirte completo.

    De la validación externa al autorreconocimiento

    Desde la perspectiva de la psicología familiar y sistémica, esta situación revela un desorden: estás intentando que el mundo adulto supla las carencias que viviste en tu infancia.

    La clave no es culpar a tus padres quienes hicieron lo mejor que pudieron con sus propios recursos. Sino, darte cuenta de que la solución está en ti.

    Te propongo un ejercicio de reflexión:

    • Mira tu historia: Analiza cuánto esfuerzo has invertido a lo largo de tu vida, buscando ser reconocido. Sé honesto con el niño que fuiste y sus estrategias.
    • Reconcíliate: Entiende que esa etapa terminó. El adulto que eres hoy ya no necesita la aprobación de sus padres, ni del jefe, ni de la pareja para ser válido.
    • Toma tu lugar: Suelta la carga de la infancia y abraza la realidad del adulto. La verdadera trascendencia y visibilidad provienen del autorreconocimiento. Tú eres quien debe valorarse, destacar y darse cuenta de su propio mérito.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • El cáncer de mama y la historia oculta de las mujeres de tu familia

    El cáncer de mama y la historia oculta de las mujeres de tu familia

    Como psicólogo y constelador familiar, he observado que detrás del cáncer de mama puede existir algo más que un proceso biológico: a veces, este diagnóstico es reflejo de la historia emocional y relacional de las mujeres que conforman un sistema familiar. En mi práctica he aprendido que vale la pena explorar si existe alguna figura femenina invisibilizada, no reconocida o desvalorada.

    Muchas veces se trata de mujeres que, por distintas circunstancias, fueron excluidas, disminuidas o directamente borradas del relato familiar. O la misma paciente me ha compartido sus propios relatos: de cómo se sintió apartada, no sostenida o no considerada durante su infancia.

    Estas dinámicas pueden dejar huellas profundas en la identidad y en la forma en que cada persona se ubica dentro de su familia.

    La exclusión femenina y su impacto transgerenacional

    Por ello, cuando acompaño a mujeres que viven este proceso o desean comprender la presencia del cáncer de mama en su historia familiar, suelo recomendar revisar el árbol genealógico con especial atención a estas figuras silenciadas. Reconocerlas, mirarlas y nombrarlas puede abrir espacios simbólicos de reparación.

    Invito a quienes transitan este camino a realizar gestos concretos que devuelvan dignidad a aquella mujer excluida, viva o fallecida. Actos simples —como escribir una carta, incluir su nombre en relatos familiares o realizar un pequeño ritual íntimo de reconocimiento—, pueden ayudar a restablecer el equilibrio dentro del sistema y, con ello, brindar un sentido más amplio y humano a la experiencia que se está viviendo.

    Por qué esta perspectiva puede tener sentido más allá del simbolismo

    Las investigaciones actuales muestran que los factores psicosociales, el funcionamiento familiar y el apoyo social importan para la calidad de vida de quienes enfrentan el cáncer de mama.

    • Un estudio de revisión bibliográfica encontró que un buen funcionamiento familiar —caracterizado por cohesión, adaptación al cambio, buena comunicación y apoyo social — se asocia con una mejor calidad de vida en mujeres con cáncer de mama.
    • Por el contrario, cuando hay historia familiar de cáncer, estilos de afrontamiento negativos, y falta de apoyo, las pacientes suelen manifestar mayor angustia, ansiedad y estrés.
    • Más aún: una comunicación abierta en la familia —hablar sobre la enfermedad, compartir temores, experiencias— ha demostrado estar ligada a mejores resultados de salud mental en sobrevivientes de cáncer de mama.

    Todo esto confirma que las relaciones familiares, la visibilidad emocional, el apoyo y la identidad en relación con la enfermedad influyen poderosamente en el bienestar de las personas que atraviesan un proceso oncológico.

    Desde la perspectiva sistémica y transgeneracional, esas mujeres “invisibilizadas” podrían representar vínculos simbólicos rotos, heridas emocionales ancestrales, que de alguna forma necesitan ser reconocidas y sanadas para restaurar una integridad familiar.

    Integrar la herida familiar como parte del camino de sanación

    Cuando una mujer toma conciencia de esta dimensión —no solo biológica, sino relacional y simbólica— del cáncer de mama, acompaña su cuerpo también cuidando su historia. Aquí algunas sugerencias prácticas desde esta mirada:

    • Revisar el árbol genealógico con mirada atenta: buscar nombres de mujeres que no aparecen, historias omitidas, olvidos silenciosos. Poner luz sobre su vida.
    • Narrar y honrar esas historias: escribir memorias familiares, relatos, cartas —incluso si no hay respuestas posibles. Dar voz a lo callado.
    • Incluir simbólicamente a las mujeres excluidas: rituales, ceremonias, actos de memoria o conmemoración, como una forma de reparación emocional colectiva.
    • Reconectar con tu identidad propia con más conciencia: aceptar tus raíces, reconocer tu historia, abrazar tu existencia como parte de un linaje —incluyendo luces y sombras.
    • Buscar apoyo familiar y comunitario: activar redes de confianza, favorecer la comunicación abierta con quienes estén presentes ahora. A veces, revelar la historia enseña a crear vínculos más conscientes y sanadores.

    Al integrar estas acciones con el tratamiento médico, cuidado psicológico y apoyo familiar, no solo abordamos el cuerpo: honramos el tejido simbólico que sostiene la vida, la memoria y la dignidad de las mujeres que nos precedieron.

    Una invitación a la sanación del alma familiar

    Si tú eres una mujer que está padeciendo o que tiene antecedentes de cáncer de mama, te invito a mirar más allá del diagnóstico. Revisa tu historia, explora los silencios familiares, reconoce esas mujeres olvidadas —ellas también forman parte de tu linaje. Tal vez, en ese reconocimiento, encuentres una sanación que trasciende lo físico. Que el acto de nombrar, recordar y honrar represente un acto de dignidad, amor y reparación.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • Cuando los hijos reflejan tus patrones emocionales familiares

    Cuando los hijos reflejan tus patrones emocionales familiares

    Como psicólogo, he visto cómo algunos hijos muestran conductas o emociones que, sin que sus padres se den cuenta, tienen relación con sus propios patrones emocionales familiares. 

    No se trata de culpas ni responsabilidades absolutas, más bien, de entender cómo funcionan las dinámicas dentro del hogar y cómo pueden influir en el comportamiento de un niño o adolescente.

    Si tienes un hijo menor de 18 años y presenta reacciones intensas como ataques de ira, vale la pena detenerte un momento y observar qué ocurre en tu propia historia emocional. 

    Quizás tú también lo pasaste mal en tu infancia. Tal vez cargaste con demasiadas exigencias, viviste bajo presión o tuviste que asumir responsabilidades que no correspondían a tu edad. Puede ocurrir que esas experiencias quedan guardadas y se expresan en la adultez como irritabilidad o dificultades para manejar la rabia

    Cómo se transmiten estos patrones sin que lo notes

    Cuando acumulas emociones intensas durante años sin trabajarlas, es fácil que se conviertan en parte de tu modo habitual de vivir. Y, aunque no lo quieras ni lo busques, tu hijo puede empezar a reaccionar a ese ambiente emocional. 

    Los niños son sensibles y, muchas veces, expresan con claridad lo que los adultos aprendieron a ocultar.

    Esto no significa que tu hijo “sea un reflejo perfecto de ti” o que esté “cumpliendo una misión”, sino que su comportamiento puede ser una señal de que algo en la dinámica familiar necesita atención. Si notas que tu hijo presenta síntomas que tú también has vivido, es una oportunidad para revisar tu propia historia emocional y buscar apoyo si lo consideras necesario.

    Trabajar tus emociones no solo te alivia a ti. También ayuda a que tu hijo deje de cargar con tensiones que no le corresponden. Cuando tú mejoras, el ambiente familiar cambia, y tu hijo lo siente.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar.

  • Cuando el cuidado se vuelve carga: el rol invertido entre mamá e hijo varón en la vida adulta

    Cuando el cuidado se vuelve carga: el rol invertido entre mamá e hijo varón en la vida adulta

    Cuando asumiste un rol que no te correspondía

    En nuestra cultura es probable que te educaron bajo la idea de que debías proteger a tu madre, una mujer vulnerable. Aunque esta creencia se ha ido superando, muchos varones adultos siguen actuando desde ese mandato cultural.

    Puede que tú seas uno de ellos: asumiste un rol invertido entre mamá e hijo varón, convirtiéndote en el sostén emocional o práctico de tu madre, incluso ahora que ella es mayor y tú estás construyendo tu propia vida.

    Lo que comenzó como un gesto de cariño pudo transformarse en una responsabilidad que excede lo razonable.

    Esto no tiene que ver con falta de amor. Se trata de reconocer cuándo el rol protector dejó de ser libre y pasó a ser obligatorio. A veces, este rol invertido entre mamá e hijo varón te lleva a relegar tus necesidades, aplazar decisiones importantes o sentir que fallas si no estás siempre disponible. 

    En contextos donde se espera que el varón sea el pilar familiar, es fácil que esta dinámica se vuelva invisible y se justifique como deber, aunque silenciosamente esté afectando tu bienestar.

    Cuando cuidar deja de ser cariño y se convierte en sobrecarga

    Quizá ya notaste que buena parte de tus elecciones —tu tiempo, tus relaciones, tu energía— giran en torno a tu madre. Tal vez evitaste avanzar en tu trabajo, establecer una pareja estable o desarrollar proyectos propios porque sientes que debes estar ahí para ella, pase lo que pase. Pero cuidar no significa sacrificarse por completo. Ser un buen hijo no te obliga a ocupar un lugar que no te corresponde, ni a transformarte en el único responsable de su bienestar.

    Mirar esta dinámica con honestidad es un paso fundamental. Puedes acompañar a tu madre sin renunciar a tu vida. Puedes poner límites sin dejar de quererla. Y puedes reconocer que tu adultez requiere espacio para tus propios deseos, decisiones y vínculos. Liberarte de ese mandato no es abandonar a nadie: es empezar a vivir desde un equilibrio más justo para ambos.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • Cuando el duelo infantil no se resuelve: las huellas que deja el silencio emocional

    Cuando el duelo infantil no se resuelve: las huellas que deja el silencio emocional

    Si cuando eras niño perdiste a alguien importante y nadie te explicó qué pasaba, es posible que dentro de ti haya quedado una mezcla de dolor, miedo y confusión. Antes de los 12 años, tu sistema emocional aún estaba aprendiendo a comprender lo que sentías, y necesitabas que un adulto te guiara en ese proceso.

    Cuando eso no ocurre, el duelo infantil queda inconcluso. Las emociones no expresadas se acumulan desembocando en una confusión: no sabes si está bien llorar, si es correcto hablar de lo que pasó o si debes aparentar que todo está bien.

    Cuando el cuerpo expresa lo que se calla

    Tal vez, con los años, notaste que te cuesta estar en calma, que vives con ansiedad, inquietud constante o que te resulta difícil concentrarte. Muchas veces, esos síntomas se parecen al trastorno de déficit atencional e hiperactividad (TDAH), pero su origen puede estar en una herida emocional no resuelta.

    Cuando el entorno calla el dolor, cuando se silencia el duelo infantil, el niño o niña aprende a reprimir lo que siente. Esa represión emocional se traduce más tarde en una hiperactivación del sistema nervioso, irritabilidad o insomnio. Tu cuerpo empieza a expresar lo que tu alma no pudo decir.

    Sanar el duelo pendiente

    Sanar ese duelo no significa revivir el sufrimiento, sino darle un lugar y un sentido. En terapia, puedes trabajar con tu niño interior, explorar lo que quedó suspendido y liberar la energía emocional contenida.

    Los enfoques terapéuticos como la terapia del duelo o la psicoterapia cognitivo-conductual ayudan a reconocer y elaborar la pérdida de forma segura. Cada paso se da a tu propio ritmo, con respeto por lo que fue y por lo que aún duele.

    Cerrar el ciclo y seguir más liviano

    Si sientes que hay una tristeza antigua que nunca supiste de dónde venía, quizás sea momento de mirarla con ternura. Acercarte a un psicólogo puede ser el inicio de ese proceso de liberación.

    Sanar no borra el pasado, pero te permite vivirlo de otra manera. Al cerrar ese ciclo, recuperas la calma, la claridad y una nueva ligereza interior. Es una forma de abrazar al niño que fuiste y de ofrecerle, por fin, la paz que tanto necesitaba.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar.

  • ¿Intentas cambiar a tu pareja? Tus inseguridades podrían estar empujándote

    ¿Intentas cambiar a tu pareja? Tus inseguridades podrían estar empujándote

    Dentro de la vida de una pareja es común que uno de los miembros intente cambiar al otro. Esto puede manifestarse pidiendo o exigiendo determinados pensamientos, creencias, actitudes o comportamientos. Sin embargo, este intento de modificar a la otra persona sobrepasa el respeto a su individualidad lo que acarrea conflictos emocionales importantes.

    ¿Por qué surge la necesidad de cambiar al otro?

    Cuando sentimos la necesidad de cambiar a la pareja para que se comporte de cierta manera, a menudo estamos proyectando nuestras propias inseguridades o carencias afectivas. Estas pueden estar relacionadas con la falta de reconocimiento, afecto o incluso con experiencias de vacíos profundos. En psicología, esto se relaciona con la proyección emocional, un mecanismo que nos lleva a ver en los demás lo que no hemos resuelto nosotros mismos.

    Al otro lado, quienes son objeto de estas exigencias pueden experimentar frustración, pérdida de autonomía emocional y disminución de la autoestima. La presión constante para ajustarse a expectativas ajenas genera desgaste emocional y puede dañar la relación a largo plazo.

    Cómo trabajar estos desafíos en pareja

    Es fundamental reconocer cuándo estamos exigiendo cambios o permitiendo que nos los impongan. Acercarse a un psicólogo permite explorar estos patrones desde un espacio seguro y guiado. La terapia ayuda a:

    • Identificar inseguridades personales y su origen.
    • Desarrollar autocompasión y autoaceptación.
    • Mejorar la comunicación y establecer límites saludables en la relación.
    • Fortalecer la individualidad dentro de la pareja sin perder la conexión emocional.

    Reconocer que estas dinámicas existen no significa culpa, sino oportunidad de crecimiento. Trabajar en la valoración personal y la comprensión de nuestras emociones contribuye a relaciones más auténticas y respetuosas.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • Cómo la falta de validación en la infancia puede generar adicciones

    Cómo la falta de validación en la infancia puede generar adicciones

    Si durante tu infancia sentiste que nadie te veía, te reconocía o te sostenía, es muy probable que eso haya dejado marcas emocionales. Muchas veces, estas experiencias generan inseguridad, baja autoestima y la sensación de que necesitas encajar en otros ambientes o con otras personas. Y en múltiples casos estas marcas emocionales desembocan en adicciones.

    ¿Por qué surgen las adicciones?

    Es común que estas carencias se manifiesten en la adolescencia a través de adicciones: cigarrillo, alcohol o marihuana. No siempre se trata de “mal comportamiento”; muchas veces, estas conductas son una forma de evadir emociones difíciles y llenar vacíos afectivos que no se resolvieron antes.

    Superar una adicción no es solo dejar un hábito: es trabajar con lo que está detrás. Es posible que existan inseguridades o emociones no procesadas desde la infancia. Por eso, acercarte a un psicólogo o especialista en salud mental puede ser clave. En terapia, aprenderás a valorar tus logros, regular tus emociones y crear vínculos seguros que te sostengan de verdad.

    No estás solo. Reconocer cómo tu historia infantil afecta tu presente es el primer paso para sentirte más seguro, recuperar tu bienestar y dejar atrás lo que ya no te sirve.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • Libérate: suelta la culpa que no es tuya

    Libérate: suelta la culpa que no es tuya

    Muchos adultos viven con una sensación de culpa constante sin saber por qué. Esa carga invisible, que a veces se manifiesta como autoexigencia o necesidad de reparar a los demás, suele tener su origen en experiencias tempranas.

    Entender lo que viviste antes de los 12 años puede liberarte de culpas que no te pertenecen

    Cuando un niño enfrenta momentos difíciles —una separación, peleas familiares o la tristeza profunda de alguno de los padres—, su cerebro aún está en pleno desarrollo. Antes de los 12 años, las áreas cerebrales encargadas de procesar la empatía, la autorregulación y la comprensión de causa y efecto no han madurado completamente.

    Por eso, el niño interpreta lo que ocurre desde una lógica emocional muy básica: “yo soy el culpable.” No es una conclusión racional, sino un intento de darle sentido al dolor con los recursos disponibles.

    La culpa temprana se convierte en una carga adulta

    Esas interpretaciones pueden quedarse grabadas en la memoria emocional y transformarse en creencias profundas de responsabilidad o culpa. En la adultez, se expresan en conductas como:

    • Asumir responsabilidades que no corresponden.
    • Sentir culpa por el malestar de otros.
    • Sobrecargarse emocionalmente.
    • Tener dificultad para poner límites o descansar.

    Estas respuestas no surgen de la voluntad, sino de un patrón emocional aprendido muy temprano, cuando el cerebro aún no distinguía entre lo propio y lo ajeno.

    Cómo se trabaja en terapia

    Desde la psicología, estas huellas se abordan mediante enfoques como la terapia del niño interior, la terapia de esquemas o la reconstrucción cognitiva. El objetivo no es revivir el pasado, sino darle un nuevo significado a esos recuerdos que quedaron fijados con dolor y culpa.

    El proceso terapéutico permite reconocer que aquello que viviste no fue tu culpa, sino el reflejo de un entorno que superaba tu capacidad de comprensión. Sanar implica mirar a ese niño con compasión y decirle, desde tu adulto presente: “no era tu responsabilidad.”

    Soltar lo que nunca fue tuyo

    Liberarte de esas culpas tempranas no significa olvidar, sino reconciliarte con tu historia. Comprender desde una conciencia más madura lo que ocurrió te permite soltar lo que no te pertenece y recuperar una sensación de paz interior.

    Porque seguir cargando con lo que nunca fue tuyo no alivia a nadie, solo perpetúa el dolor. Y dejar ese peso atrás es un acto profundo de autocuidado.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar.

  • ¿Y si el gran obstáculo para tu felicidad está en tu actual relación de pareja?

    ¿Y si el gran obstáculo para tu felicidad está en tu actual relación de pareja?

    Detente por un instante y pregúntante: ¿Estás realmente conciente de que la vida, tal como la conoces, se te ha regalado con el propósito esencial de que seas feliz? No hablo de euforia constante, sino de un profundo sentimiento de bienestar.

    Parte de esa felicidad tiene que ver con la vida en pareja. Pero, no siempre una relación es soporte. ¿Has pensado en la posibilidad de que tu relación de pareja te empequeñece, te impide ser feliz simplemente porque no es adecuada?

    Aquí es donde debes mirar más allá de la superficie. Es muy probable que tu persistencia en esa dinámica de pareja no sea un acto de amor o de lealtad, sino la manifestación de miedos muy antiguos.Son vivencias, programaciones y conocimientos tan instalados en ti, que te hacen estar ciego o paralizado frente a la mala calidad de tu relación. En ese conflicto entre lo que tu conciencia sabe y lo que tu miedo te impide asumir tu realidad se genera una profunda disonancia

    Miedos antiguos: la paradoja de elegir el dolor conocido

    Piénsalo bien. Una relación de pareja tortuosa, una que te obliga a negociar constantemente tu paz interior, es absolutamente contraria al objetivo más elevado de la vida: tu felicidad.

    ¿Has dejado de ir a ese gimnasio que tanto disfrutas, o de dedicar tiempo a tu hobby favorito solo para gestionar el mal humor o la negatividad de tu pareja? En esos momentos, el miedo al conflicto o a la soledad es más fuerte que tu deseo consciente de bienestar.

    Esos miedos antiguos actúan como anclas poderosas. Tal vez tuviste padres emocionalmente distantes, y ahora, te aferras a una pareja que te devalúa o te ignora. En un nivel inconsciente, tu mente está repitiendo un patrón doloroso con la esperanza de “ganarte” esa validación o amor que te faltó.

    Prefieres el dolor conocido a la incertidumbre de la paz. Este ciclo te detiene, convirtiendo la relación en un freno de mano que impide el desarrollo de tu potencial y de tu propia existencia.

    Te invito con franqueza a hacer un ejercicio de honestidad radical. Mira tu tipo de relación no con ojos de enamorado, sino con ojos de observador de tu propia vida.Descubre a qué le tienes miedo, qué creencia o programa es el que te está impidiendo ser pleno y libre. Reconocer la programación es el primer y más valiente paso para empezar a construir la vida que mereces, una que esté a la altura del regalo de la felicidad. ¿Estás listo para mirarlo?

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y orientador familiar