Autor: Fernando Aylwin

  • ¿Sientes rabia hacia tu papá? Conocer su historia podría ayudarte a comprender ese sentimiento

    ¿Sientes rabia hacia tu papá? Conocer su historia podría ayudarte a comprender ese sentimiento

    ¿Sientes rabia hacia tu papá? Pasan los años y ese sentimiento puede seguir presente en tu vida, incluso cuando las situaciones que lo originaron quedaron atrás. Si te sientes así, no eres la única persona que experimenta esta emoción. La rabia hacia el padre puede ser difícil de procesar, especialmente cuando está vinculada a experiencias dolorosas que aún tienen significado para ti.

    Quizás recuerdas situaciones en las que no actuó como esperabas: estuvo ausente, guardó silencio cuando necesitabas su apoyo o se comportó de manera negligente contigo.

    Mirar a tu padre únicamente desde esas experiencias puede limitar la comprensión que tienes de él y de lo que viviste. Explorar otras dimensiones de su historia podría ayudarte a ampliar esa perspectiva. Esto no significa que la rabia vaya a desaparecer, pero puede ofrecerte otra manera de relacionarte con lo ocurrido.

    Toma conciencia de la historia de tu papá

    Te propongo un ejercicio: intenta conocer quién fue tu padre antes de que llegaras al mundo. Si te tuvo a los treinta años, ¿cómo era su vida a esa edad? ¿Qué vivió a los veinte, durante su adolescencia o cuando era niño?

    Conocer su historia puede ayudarte a explorar las circunstancias que influyeron en su manera de ser: cómo fue educado, qué aprendió sobre la forma de afrontar los desafíos y los problemas, qué oportunidades tuvo y cómo construyó sus relaciones con otras personas.

    Todos, tú, yo y tu padre, hemos vivido circunstancias que pueden influir en nuestra manera de pensar, sentir y relacionarnos. Sin embargo, esas experiencias no determinan por completo quiénes somos ni explican por sí solas todas nuestras decisiones.

    Por eso, puede resultar útil averiguar cómo fueron los años de tu papá antes de tu nacimiento. Puedes conversar con familiares, mirar fotografías antiguas o recordar las historias que se contaban en casa. Mientras reconstruyes ese pasado, pregúntate qué puedes descubrir sobre las experiencias que marcaron su vida y de qué manera pudieron influir en su forma de relacionarse contigo.

    No siempre encontrarás respuestas claras, y es posible que algunas preguntas queden abiertas. Aun así, conocer otros aspectos de su historia podría ayudarte a comprender mejor el contexto en el que se desarrolló la relación entre ustedes.

    Comprender no es justificar

    Comprender el pasado de tu padre no borra lo que viviste ni significa que debas restarle importancia al daño que pudiste experimentar. Tampoco te obliga a perdonarlo ni a restablecer una relación con él. Se trata de explorar lo ocurrido desde una perspectiva más amplia, sin negar tus propias vivencias.

    Para algunas personas, esta comprensión puede contribuir a disminuir el resentimiento o a encontrar una manera diferente de procesar lo vivido. Para otras, puede despertar nuevas preguntas, emociones difíciles o la necesidad de establecer límites. No existe una única forma de recorrer este camino.

    Si te parece posible, puedes comenzar por cambiar la pregunta. En lugar de centrarte únicamente en por qué tu papá actuó de esa manera contigo, también puedes explorar qué experiencias pudieron influir en la persona que llegó a ser.

    Si la rabia te genera malestar persistente o afecta tus relaciones y tu bienestar, un proceso psicoterapéutico puede ofrecerte un espacio para explorar esas emociones, comprender cómo te afectan y evaluar qué necesitas para seguir adelante.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • ¿Sientes que la vida es pesada y peligrosa? Quizás creciste con una crianza aprehensiva

    ¿Sientes que la vida es pesada y peligrosa? Quizás creciste con una crianza aprehensiva

    Si últimamente te percibes irritable, con poca paciencia y con la sensación de que todo a tu alrededor es una carga, vale la pena detenerse a mirar qué hay detrás de ese enojo.

    En la consulta me encuentro con personas convencidas de que la vida es pesada, de que el mundo es peligroso y de que los demás son una amenaza. Cada situación cotidiana la viven en alerta permanente como si cada una fuera una batalla.

    Esta forma de percibir la realidad puede estar relacionada, al menos en parte, con una crianza aprehensiva.

    Cuando la protección se convierte en temor

    Los padres que cuidan y protegen desde la aprehensión, es decir, desde la preocupación excesiva y el temor constante a que ocurra algo malo, transmiten sin darse cuenta un mensaje de fondo: lo de afuera es peligroso.

    Y “lo de afuera” es mucho más que la calle. Es el mundo, la vida, las distintas situaciones y escenarios que una persona tendrá que vivir y enfrentar a lo largo de su historia. Si de niños aprendimos que cada paso afuera implica un riesgo, es comprensible que de adultos sigamos viviendo como una lucha permanente.

    Ese estado de alerta cansa, y muchas veces aparece como irritabilidad, enojo o una sensación de agobio que parece no tener una causa clara.

    Mirar el origen para poder soltarlo

    Si te identificas con estas experiencias, pregúntate: ¿esta sensación de peligro nace de lo que realmente vivo hoy o es algo que aprendí hace mucho tiempo?

    Acercarte a un psicólogo y animarte a iniciar un proceso terapéutico puede ayudarte a explorar si tuviste una crianza aprehensiva y cómo ha influido en tu manera de ver el mundo. Es un trabajo pausado, pero muy valioso, para liberarte de miedos que quizás nunca fueron tuyos y empezar a vivir con más confianza y tranquilidad.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • La frustración que nace de vivir las expectativas de otros

    La frustración que nace de vivir las expectativas de otros

    Si en este momento sientes una frustración constante por no alcanzar las metas que “se supone” que ya tendrías que haber logrado, vale la pena detenerse a mirar de dónde vienen esas exigencias.

    En la consulta encuentro con frecuencia que este malestar puede estar relacionado, al menos en parte, con una serie de expectativas y valores que fuimos incorporando a lo largo de nuestra historia.

    En el transcurso de los años, el entorno familiar, social y cultural influye en las ideas que desarrollamos sobre cómo deberíamos comportarnos, qué tendríamos que decir o qué logros definirían nuestro éxito.

    Esto se ejemplifica en roles como la maternidad o la paternidad: abundan las ideas sobre cómo “debe” actuar un buen padre o una buena madre, sin considerar necesariamente las circunstancias, necesidades y características particulares de cada persona y de cada familia.

    Soltar lo aprendido para recuperar el camino propio

    Cuando sentimos que debemos encajar a toda costa en esos patrones, podemos experimentar una presión importante. Cuando no alcanzamos esos estándares, podemos sentir frustración, insatisfacción o la sensación de estar quedándonos atrás.

    Ante eso, es valioso preguntarse: ¿esta meta nace de mí o de la expectativa de alguien más?

    En algunos casos, lo que nos exigimos puede no coincidir con nuestra manera de ser, nuestras circunstancias o aquello que realmente queremos construir.

    Para vivir la adultez con mayor tranquilidad y autonomía, puede ser útil revisar de dónde provienen algunas de nuestras exigencias y decidir cuáles queremos mantener y cuáles ya no nos representan.

    Revisar estos mandatos en un espacio terapéutico puede ayudarte a explorar qué expectativas sientes como propias y cuáles son ajenas, tu historia y tus experiencias. Es un trabajo pausado pero liberador, necesario para soltar las cargas que no te corresponden y empezar a decidir con verdadera autonomía.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • ¿Sientes que te autoboicoteas?

    ¿Sientes que te autoboicoteas?

    En la consulta clínica y en mi observación cotidiana, veo en muchas personas la sensación persistente de que dan un paso adelante y dos hacia atrás. Esto lo dejan en evidencia a través de la duda personal sobre sus propias capacidades para sostener un proyecto personal o cuando rechazan un desafío mayor por miedo a no estar a la altura.

    Detrás de esa experiencia constante de autoboicot no hay una falta real de capacidad, sino, un diálogo interno y permanente que ha moldeado sus vidas a partir de vivencias pasadas.

    Cadenas invisibles

    Cuando se explora la raíz de esa voz desvaloriza la propia persona, es habitual encontrarse con los cimientos de la infancia. La forma en que fuimos estimulados o frenados en los primeros años predispone el desarrollo de la confianza personal.

    Si en esa etapa faltó la validación o predominaron las descalificaciones, la persona suele desarrollar sentimientos de inferioridad, incertidumbre y de baja tolerancia a la frustración. Con el tiempo, esas respuestas del entorno se asimilan convirtiéndolas en certezas.

    Sin embargo, lo que se aprendió también se puede desaprender. En la práctica terapéutica compruebo a diario que es posible transformar estos patrones:

    1. Identificando los pensamientos automáticos: El primer paso consiste en reconocer cuándo se activa ese diálogo descalificador y de qué manera repercute en las emociones y en la conducta.
    2. Cuestionando esas creencias: Entender que la desvalorización fue un mensaje recibido en la infancia y no una verdad absoluta, permite tomar distancia de esa historia para construir una mirada más realista y amable sobre uno mismo.
    3. Reconectando con el propio potencial: Cada persona posee una tendencia natural al crecimiento. Al soltar la carga de las expectativas y los juicios ajenos, emerge la posibilidad de decidir con mayor libertad.

    Caminar con una mochila de desvalorización cansa. Si notas que las dinámicas de autoboicot o la sensación de insuficiencia limitan tu desarrollo, la terapia ofrece un espacio para revisar esas creencias, sanarlas y avanzar con mayor ligereza. Considera siempre esta alternativa.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar.

  • Aprende a cerrar el ciclo después de una separación de pareja

    Aprende a cerrar el ciclo después de una separación de pareja

    La separación de pareja es una etapa difícil y dolorosa para muchas personas. ¿Estás hoy viviendo esta experiencia?

    Si es así, quizás también estés experimentando un fuerte sentimiento de ver cómo ha cambiado drásticamente tu vida, percibiendo ahora que la realidad parece estar fuera de sitio.

    En esa experiencia podrías estar experimentando una sensación de vacío, no solo físicamente, sobre todo, dentro de ti.

    Bajo este contexto está la posibilidad de tentarte a pasar rápido la página, de actuar como si el quiebre con tu pareja nunca hubiera sucedido, o deseas autoconvencerte de que lo has superado para intentar así no sufrir más. ¿Te identifican estas experiencias?

    El camino hacia el cierre y la sanación

    Estoy convencido de que, en la experiencia de acompañamiento en procesos de separación, es primordial intentar convencer a la persona que no debe “saltarse el dolor”. Las situaciones de quiebre y el final de una etapa vital de la vida requieren de un cierre consciente. Este resulta un paso fundamental para avanzar, hacer una despedida que de espacio a valorar lo bueno y lo malo que queda atrás, reconocer lo que dolió y también lo que aportó.

    En el contexto de este paso podría surgir el deseo de una despedida en paz.

    Si estás viviendo una separación, te sugiero cerrar esta etapa que va quedando atrás. Considera la compañía de un terapeuta para transitar este momento.

    Junto a un profesional podrás dar sentido a ese cierre permitiéndote vivir el duelo necesario, y así abrir la puerta a la vida que se abre por delante de ti.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar.

  • ¿Sientes que tienes problemas de comunicación? Quizás nadie te dio permiso para hablar

    ¿Sientes que tienes problemas de comunicación? Quizás nadie te dio permiso para hablar

    ¿Sientes que te cuesta expresar tus ideas, tus afectos, lo que sientes en diferentes situaciones que vives? Si es así, puede ser que seas parte de ese importante grupo de personas que tiene problemas de comunicación.

    Quiero que sepas que no se trata de un defecto que no pueda trabajarse, pues, en la mayoría de los casos esta falta de habilidad proviene de una infancia en que expresar sentimientos o pensamientos fueron realidades suprimidas.

    Aprender a callar para ser queridos

    Para entender por qué hoy nos cuesta tanto comunicar lo que pensamos o sentimos, hay que mirar hacia atrás. Los seres humanos nacemos con la capacidad innata de comunicar nuestras necesidades, pero el entorno puede “podar” esa capacidad.

    Para que puedas entender por qué sientes que te es difícil comunicar lo que piensas o sientes, es necesario dar una mirada a tu pasado. Quizás el entorno que te acompañó te fue restando la capacidad innata que tenemos los seres humanos de comunicar nuestras necesidades.

    En esa revisión de tu pasado es posible que te encuentres con frases parecidas a estas:

    • “Los niños no lloran”.
    • “Los hombres no lloran”.
    • “Los niños no opinan, se callan y obedecen”.
    • “No seas dramático”.
    • “Eso no es para tanto”.

    Expresiones como estas dichas muchas veces, posiblemente con buena intención o desde el cansancio, tuvieron un efecto que hoy estás experimentando. Te enseñaron una regla de supervivencia emocional: mis sentimientos no son válidos y mis opiniones no son bienvenidas.

    Si cada vez que intentabas expresar una razón o un afecto recibías un “no”, un rechazo o una burla, tu cerebro aprendió a entender que comunicarte podría traerte problemas, por eso callarte te mantenía a salvo. Por eso, hoy cuando intentas poner límites o mostrar vulnerabilidad, esa alarma vuelve a prenderse. Te sientes bloqueado, ansioso, con un “nudo en el estómago”. Tu cuerpo recuerda que antes no tenías permiso.

    Cómo se trabaja esto en terapia

    En terapia se puede desaprender esas “instrucciones” aprendidas en la niñez, a través de un trabajo que permite desbloquear tu capacidad de comunicarte. Este trabajo lo resumo en estas dos dimensiones.

    1. Entender las “razones” que te instalaron el bloqueo

    Primero, identificamos qué creencias te frenan. Aquí se suele encontrar argumentos internos como: “Si digo lo que pienso, me rechazarán”, “Si lloro, soy débil” o “Mis necesidades molestan a los demás”. Traer estas creencias a la luz es el primer paso para quitarles el poder que aún podrían tener sobre ti.

    2.Entrenamiento práctico: nuevas formas de conectar

    De nada sirve entender el origen si no practicamos el presente. En terapia se pueden realizar una especie de ejercicios de demostración y ensayo. Se aprende a comunicar tanto desde la razón como desde el afecto:

    • Cómo expresar una queja sin atacar.
    • Cómo pedir lo que necesitas sin culpa.
    • Cómo mostrar tristeza o miedo sin sentir vergüenza.

    Pudiera ocurrir al principio que este paso se perciba artificial o incómodo, pero con práctica se vuelven naturales esas nuevas formas de comunicarse.

    Mereces ser escuchado

    Vivir con problemas de comunicación es permanecer en un estado autoimpuesto por las reglas de otros. Es sentirse solo porque no te atreves a mostrar quién eres.

    Si te sientes identificado con esto, mi recomendación es clara: visita a un psicólogo. No para “arreglarte”, sino para recuperar ese permiso que nadie te dio de niño para comunicarte.

    Aprender a comunicar tus razones y tus afectos es esencial para vivir con más libertad, mejorar tus relaciones y, sobre todo, reconectar contigo mismo.

    Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • ¿Por qué tengo una mala percepción de mi cuerpo? Una mirada desde la psicología para recuperar la autovaloración

    ¿Por qué tengo una mala percepción de mi cuerpo? Una mirada desde la psicología para recuperar la autovaloración

    Es frecuente que me consulten personas que conviven con una profunda insatisfacción con su cuerpo. Buscan comprender por qué, a pesar del paso del tiempo, mantienen una percepción tan negativa de sí mismas y de su apariencia.

    En esos espacios de conversación, suelo invitarlas a mirar hacia los años de la infancia, una etapa en la que, muchas veces, encontramos elementos importantes para comprender el malestar presente. En algunas personas, esa incomodidad que sienten al mirarse al espejo puede estar relacionada con críticas, comentarios o experiencias que dejaron una huella profunda y que hoy continúan resonando e influyendo en la manera en que se perciben.

    ¿Sientes que te ocurre algo parecido? Si tu respuesta es afirmativa, te propongo avanzar hacia una vivencia más serena y autónoma de tu cuerpo. Para ello, quiero invitarte a considerar las siguientes cuatro miradas.

    1.Aprende a reconocer el origen de los juicios sobre tu cuerpo

    Los comentarios despectivos que recibiste durante tu infancia pueden quedar profundamente instalados en la manera en que te relacionas contigo mismo. Con el tiempo, incluso pueden llegar a confundirse con una voz propia.

    Es posible que termines repitiéndote frases como: “eres gordo”, “eres flaco” o “pareces un elefante”, junto con otros comentarios hirientes que alguna vez escuchaste. El trabajo terapéutico permite identificar esas valoraciones que quedaron incorporadas a tu historia personal y cuestionar la vigencia que todavía tienen en tu manera de pensar. No se trata de negar lo que ocurrió, sino de comprender que muchas de las cosas que hoy te dices no necesariamente nacieron de ti.

    2. Reoriente tu búsqueda de valoración hacia tu propio criterio

    Cuando una voz interior continúa repitiendo frases de desvalorización sobre tu cuerpo, es posible que termines agotado de depender constantemente de la aprobación de los demás.

    Esta necesidad de confirmación puede convertirse en una forma de protegerte del dolor que provoca sentirte rechazado. Si los demás te aprueban, quizás por un momento logres sentirte seguro. Pero esa tranquilidad suele ser inestable, porque depende de algo que no puedes controlar.

    Por eso, en un proceso terapéutico puede ser importante fortalecer tu propia valoración. La mirada de los demás cambia y no siempre está bajo tu control. El desafío consiste en construir una relación más estable contigo mismo y desarrollar una mayor seguridad interior.

    3. Avanza hacia una “neutralidad corporal” y la apreciación de lo que tu cuerpo te permite hacer

    No siempre es realista exigirte pasar de rechazar tu cuerpo a sentir entusiasmo o fascinación por él. A veces, ese salto puede sentirse artificial.

    Por eso, un camino posible es avanzar hacia lo que se conoce como “neutralidad corporal”. Se trata de aprender a relacionarte con tu cuerpo sin evaluarlo constantemente según su apariencia.

    Poco a poco, puedes comenzar a prestar atención a otras dimensiones: sus funciones vitales, tu capacidad de moverte, de abrazar, de caminar, de respirar y de experimentar el mundo. El desafío es alejarte de estándares visuales que te exigen cumplir con una determinada apariencia, sin obligarte tampoco a adoptar un positivismo que no sientes. Se trata, más bien, de aprender a conocer y sentir el cuerpo que es tuyo.

    4. Desarrolla una regulación emocional basada en una sana autocompación

    La autocrítica severa hacia tu cuerpo difícilmente te ayudará a construir una percepción más sana de ti mismo. Por el contrario, puede aumentar el malestar y mantenerte en un estado permanente de tensión y amenaza.

    En terapia, propongo desarrollar la capacidad de dialogar contigo mismo desde la calma y la firmeza afectiva. Esto es lo que podemos entender como una sana autocompasión.

    No se trata de resignarte ni de aceptar pasivamente aquello que te incomoda. Tampoco significa dejar de preocuparte por ti. Se trata de aprender a gestionar ese malestar sin recurrir a la agresión contra ti mismo.

    Puedes reconocer que algo te duele, que hay aspectos de tu cuerpo que te generan incomodidad y, al mismo tiempo, aprender a tratarte de una manera menos cruel.

    El camino para construir una relación más sana con tu cuerpo no exige alcanzar una apariencia determinada. Muchas veces, el verdadero proceso consiste en transformar la manera en que interpretas tus pensamientos, te relacionas contigo mismo y comprendes las experiencias que han marcado tu historia.

    Tal vez no puedas cambiar todo aquello que escuchaste o viviste en el pasado. Pero sí puedes comenzar a preguntarte si esas voces que hoy te juzgan siguen teniendo que definir la manera en que te miras.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar.

  • Qué ocurre tras sufrir un abuso y cómo recuperar el control de tus límites

    Qué ocurre tras sufrir un abuso y cómo recuperar el control de tus límites

    Si en algún momento de tu vida sentiste que una situación de maltrato o trauma superaba tus fuerzas, o si has visto a un ser querido atravesar un dolor semejante, es posible que conozcas de cerca la sensación de estar en alerta permanente. Tras sufrir un abuso, el sistema nervioso y la psique experimentan un impacto profundo que altera la manera en que nos relacionamos con el entorno y con nosotros mismos.

    Como psicólogo veo con frecuencia en mi consulta cómo las consecuencias de una experiencia traumática no siempre se manifiestan de forma evidente, sino a través de patrones silenciosos que dificultan el bienestar cotidiano.

    Modo supervivencia. Una respuesta de protección que agota

    Frente a una experiencia traumática, el organismo reacciona activando mecanismos de defensa, reacción biológica que busca una protección inmediata. Este estado conocido como “modo de supervivencia” puede ser necesario en algún momento del peligro.

    El problema aparece cuando esa alarma permanece encendida aun cuando cesara el peligro. Una víctima de abuso que vive en modo supervivencia suele sentirse atacado, perseguido o con la necesidad imperiosa de defenderse ante situaciones cotidianas que no representan un peligro real. Esta hipervigilancia constante consume una enorme cantidad de energía física y emocional, manteniendo al cuerpo y a la mente en un estado de tensión incesante.

    La pérdida de límites y el bloqueo en la toma de decisiones

    Estar centrado en defenderse impide atender otras funciones vitales para el desarrollo personal. Una de las capacidades que más se resiente es la de establecer límites interpersonales claros. Cuando el foco está puesto únicamente en sobrevivir, resulta muy complejo identificar dónde termina el propio espacio personal y emocional, y dónde se inicia el de los demás, o no se sabe decir “no” de manera firme y asertiva.

    En esta incapacidad de tomar autónomamente decisiones, la persona puede sentirse insegura respecto a sus propios criterios, supeditando sus elecciones al miedo, a la evitación del conflicto o a la búsqueda de aprobación externa.

    El efecto contradictorio de la sobreprotección familiar

    Es frecuente que el entorno cercano, impulsado por el afecto y el deseo legítimo de mitigar el sufrimiento, pudiera reaccionar sobreprotegiendo a quien sufrió un abuso. Aunque esa respuesta nace de la legítima preocupación, a menudo puede producir un efecto contrario.

    Al asumir la responsabilidad de proteger de cualquier riesgo o al tomar las decisiones en su lugar, la familia impide que la persona abusada ponga a prueba sus propios recursos para afrontar la experiencia vivida. Esa sobreprotección termina ratificando en la víctima la percepción de su propia fragilidad y capacidad de ejercitar la autonomía.

    La liberación del trauma para recuperar la autonomía

    Superar el impacto de un abuso no consiste en olvidar lo sucedido ni en esforzarse por “pensar en positivo”. Requiere un trabajo terapéutico focalizado en la liberación del trauma que permita procesar las respuestas de defensa que quedaron bloqueadas en el pasado.

    Mediante este acompañamiento profesional, es posible restaurar paulatinamente la sensación interna de seguridad en estas personas vulneradas. A medida que el organismo integra que el peligro ha concluido, puede reconectar con sus recursos personales, aprender a establecer límites saludables y recuperar con firmeza la capacidad de decidir sobre su propia vida. Sanar es, en última instancia, volver a habitar el presente con plenitud y libertad.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • Estrategias para superar el agotamiento físico y mental provocados por responsabilidades simultáneas

    Estrategias para superar el agotamiento físico y mental provocados por responsabilidades simultáneas

    El agotamiento físico y mental es un estado de agotamiento profundo, también vinculado al síndrome de burnout o desgaste emocional, que surge cuando las exigencias diarias superan la capacidad de recuperación. Si hoy sientes que debes rendir al máximo en tu trabajo, encargarte del hogar y cuidar a tus hijos o padres adultos mayores, entiendo el nivel de presión al que estás expuesto. En mi consulta es muy habitual encontrarme con pacientes agotados y afectados emocionalmente por la sobrecarga de tareas.

    Para abordar esta condición, es importante comprender cómo progresa el proceso de sobrecarga hasta transformarse en un problema severo:

    • Fase inicial de sobre exigencia: Asumes múltiples frentes para responder a las demandas que te plantea la vida. En esta etapa aparece la sensación de actuar como un “pulpo”, intentando resolver todo sin delegar responsabilidades.
    • Fase de desgaste sostenido: La falta de pausas trae consigo un estado crónico. El cansancio inicial se transforma en un agotamiento físico y mental acompañado de fatiga cognitiva, irritabilidad y dificultad para concentrarte. Estos síntomas no desaparecen con el sueño habitual.
    • Fase de aislamiento y colapso: Al postergar continuamente tus necesidades individuales, la reserva emocional se agota lo que genera un sentimiento de soledad y un deterioro en la relación con las personas más cercanas.

    Pasos para frenar el agotamiento físico y mental provocados por responsabilidades simultaneas

    Si sientes que estás viviendo un agotamiento físico y mental porque la vida te ha exigido múltiples responsabilidades o has aprendido a actuar así, te comparto algunos pasos que podrías dar para buscar alivio:

    1. Establecer límites claros: Aprende a conocer qué capacidad tienes para sostener responsabilidades simultáneas y aprende a no tomar compromisos que puedan sobrecargarte.
    2. Fomenta la corresponsabilidad: Distribuye las tareas de forma equitativa con tu familia o con tu pareja. Dejar de ser ese “pulpo” depende también de que otros se hagan cargo.
    3. Recuerda la importancia del espacio personal: Asigna momentos diarios de desconexión absoluta orientados a tu descanso y tu autocuidado.
    4. Busca acompañamiento profesional: La psicoterapia brinda herramientas técnicas para reestructurar aquellas dinámicas que conducen a la sobrecarga mejorando la comunicación y la búsqueda de un estado emocional más sano.

    Afrontar el agotamiento físico y mental que pudieras estar experimentando exige reconocer que solicitar apoyo es un paso imprescindible para resguardar la salud y recuperar la calidad de vida.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

  • 4 consejos para enfrentar un ataque de pánico

    4 consejos para enfrentar un ataque de pánico

    Notas cómo el corazón se te desboca, la falta de aire te oprime el pecho y experimentas la impresión de perder el control por completo. Si has atravesado un ataque de pánico, sabes bien que esos minutos transcurren lento y que el miedo paraliza.

    Un ataque de pánico es un episodio repentino de temor intenso que desata reacciones físicas muy fuertes, incluso cuando no existe un peligro real a tu alrededor. Lo que ocurre en ese momento es que tu cuerpo activa una alarma de emergencia y tu mente interpreta esos impulsos corporales como una amenaza grave. Así se genera un círculo: percibes una alteración, te asustas al detectarla, tu organismo libera más adrenalina y la crisis se intensifica.

    Para acompañarte en esos momentos de angustia y ayudarte a comprender lo que experimentas, comparto contigo 4 consejos que te servirán para contener la crisis de pánico:

    1. Recuerda que es una falsa alarma: Cuando empieza el ataque de pánico, la reacción natural es pensar que vas a desmayarte o que algo terrible ocurrirá. Se trata de una respuesta física pasajera y tu vida no corre peligro. Comprenderlo ayuda a frenar la espiral de miedo.
    2. Vuelve al presente a través de tus sentidos: La mente tiende a abstraerse en el malestar corporal. Para romper ese aislamiento, observa tu entorno: nombra cinco objetos visibles, palpa una textura o presta atención a los sonidos lejanos. Reconectarte con la realidad exterior ayuda a reducir la desorientación.
    3. Acompaña tu respiración sin luchar contra ella: Si intentas inhalar de golpe, la sensación de ahogo suele acentuarse. Por esto, en lugar de apresurar la entrada de aire, concéntrate en exhalar de manera suave y prolongada. Cuando dejas que el flujo salga despacio, envías a tu sistema nervioso una señal directa de calma.
    4. Acepta que la crisis tiene un principio y un fin: Cada crisis de ansiedad alcanza su cima para luego descender por sí sola. Luchar activamente contra lo que experimentas suele prolongar el malestar. Permitir el proceso, sabiendo que en unos minutos remitirá, ayuda a atravesarlo con mayor serenidad.

    ¿Qué hacer después?

    Estas pautas funcionan como herramientas de primeros auxilios para contener la urgencia del momento, pero no resuelven la causa profunda. Una vez que la crisis pase, puede ser útil preguntarte qué momentos de estrés, transformaciones recientes o tensiones en tu entorno familiar o laboral estás atravesando, ya que el cuerpo suele manifestar una sobrecarga que no se ha logrado gestionar en la cotidianidad.

    Comprender ese origen, transformar los patrones que lo sostienen y recuperar el bienestar requiere iniciar un proceso de terapia. Si te has identificado con esta vivencia, dar el paso hacia la consulta con un profesional de la salud mental es la decisión más acertada para sanar la raíz del síntoma.

    Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar.