4 consejos para enfrentar un ataque de pánico

Notas cómo el corazón se te desboca, la falta de aire te oprime el pecho y experimentas la impresión de perder el control por completo. Si has atravesado un ataque de pánico, sabes bien que esos minutos transcurren lento y que el miedo paraliza.

Un ataque de pánico es un episodio repentino de temor intenso que desata reacciones físicas muy fuertes, incluso cuando no existe un peligro real a tu alrededor. Lo que ocurre en ese momento es que tu cuerpo activa una alarma de emergencia y tu mente interpreta esos impulsos corporales como una amenaza grave. Así se genera un círculo: percibes una alteración, te asustas al detectarla, tu organismo libera más adrenalina y la crisis se intensifica.

Para acompañarte en esos momentos de angustia y ayudarte a comprender lo que experimentas, comparto contigo 4 consejos que te servirán para contener la crisis de pánico:

  1. Recuerda que es una falsa alarma: Cuando empieza el ataque de pánico, la reacción natural es pensar que vas a desmayarte o que algo terrible ocurrirá. Se trata de una respuesta física pasajera y tu vida no corre peligro. Comprenderlo ayuda a frenar la espiral de miedo.
  2. Vuelve al presente a través de tus sentidos: La mente tiende a abstraerse en el malestar corporal. Para romper ese aislamiento, observa tu entorno: nombra cinco objetos visibles, palpa una textura o presta atención a los sonidos lejanos. Reconectarte con la realidad exterior ayuda a reducir la desorientación.
  3. Acompaña tu respiración sin luchar contra ella: Si intentas inhalar de golpe, la sensación de ahogo suele acentuarse. Por esto, en lugar de apresurar la entrada de aire, concéntrate en exhalar de manera suave y prolongada. Cuando dejas que el flujo salga despacio, envías a tu sistema nervioso una señal directa de calma.
  4. Acepta que la crisis tiene un principio y un fin: Cada crisis de ansiedad alcanza su cima para luego descender por sí sola. Luchar activamente contra lo que experimentas suele prolongar el malestar. Permitir el proceso, sabiendo que en unos minutos remitirá, ayuda a atravesarlo con mayor serenidad.

¿Qué hacer después?

Estas pautas funcionan como herramientas de primeros auxilios para contener la urgencia del momento, pero no resuelven la causa profunda. Una vez que la crisis pase, puede ser útil preguntarte qué momentos de estrés, transformaciones recientes o tensiones en tu entorno familiar o laboral estás atravesando, ya que el cuerpo suele manifestar una sobrecarga que no se ha logrado gestionar en la cotidianidad.

Comprender ese origen, transformar los patrones que lo sostienen y recuperar el bienestar requiere iniciar un proceso de terapia. Si te has identificado con esta vivencia, dar el paso hacia la consulta con un profesional de la salud mental es la decisión más acertada para sanar la raíz del síntoma.

Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar.