¿Sientes que te cuesta expresar tus ideas, tus afectos, lo que sientes en diferentes situaciones que vives? Si es así, puede ser que seas parte de ese importante grupo de personas que tiene problemas de comunicación.
Quiero que sepas que no se trata de un defecto que no pueda trabajarse, pues, en la mayoría de los casos esta falta de habilidad proviene de una infancia en que expresar sentimientos o pensamientos fueron realidades suprimidas.
Aprender a callar para ser queridos
Para entender por qué hoy nos cuesta tanto comunicar lo que pensamos o sentimos, hay que mirar hacia atrás. Los seres humanos nacemos con la capacidad innata de comunicar nuestras necesidades, pero el entorno puede “podar” esa capacidad.
Para que puedas entender por qué sientes que te es difícil comunicar lo que piensas o sientes, es necesario dar una mirada a tu pasado. Quizás el entorno que te acompañó te fue restando la capacidad innata que tenemos los seres humanos de comunicar nuestras necesidades.
En esa revisión de tu pasado es posible que te encuentres con frases parecidas a estas:
- “Los niños no lloran”.
- “Los hombres no lloran”.
- “Los niños no opinan, se callan y obedecen”.
- “No seas dramático”.
- “Eso no es para tanto”.
Expresiones como estas dichas muchas veces, posiblemente con buena intención o desde el cansancio, tuvieron un efecto que hoy estás experimentando. Te enseñaron una regla de supervivencia emocional: mis sentimientos no son válidos y mis opiniones no son bienvenidas.
Si cada vez que intentabas expresar una razón o un afecto recibías un “no”, un rechazo o una burla, tu cerebro aprendió a entender que comunicarte podría traerte problemas, por eso callarte te mantenía a salvo. Por eso, hoy cuando intentas poner límites o mostrar vulnerabilidad, esa alarma vuelve a prenderse. Te sientes bloqueado, ansioso, con un “nudo en el estómago”. Tu cuerpo recuerda que antes no tenías permiso.
Cómo se trabaja esto en terapia
En terapia se puede desaprender esas “instrucciones” aprendidas en la niñez, a través de un trabajo que permite desbloquear tu capacidad de comunicarte. Este trabajo lo resumo en estas dos dimensiones.
1. Entender las “razones” que te instalaron el bloqueo
Primero, identificamos qué creencias te frenan. Aquí se suele encontrar argumentos internos como: “Si digo lo que pienso, me rechazarán”, “Si lloro, soy débil” o “Mis necesidades molestan a los demás”. Traer estas creencias a la luz es el primer paso para quitarles el poder que aún podrían tener sobre ti.
2.Entrenamiento práctico: nuevas formas de conectar
De nada sirve entender el origen si no practicamos el presente. En terapia se pueden realizar una especie de ejercicios de demostración y ensayo. Se aprende a comunicar tanto desde la razón como desde el afecto:
- Cómo expresar una queja sin atacar.
- Cómo pedir lo que necesitas sin culpa.
- Cómo mostrar tristeza o miedo sin sentir vergüenza.
Pudiera ocurrir al principio que este paso se perciba artificial o incómodo, pero con práctica se vuelven naturales esas nuevas formas de comunicarse.
Mereces ser escuchado
Vivir con problemas de comunicación es permanecer en un estado autoimpuesto por las reglas de otros. Es sentirse solo porque no te atreves a mostrar quién eres.
Si te sientes identificado con esto, mi recomendación es clara: visita a un psicólogo. No para “arreglarte”, sino para recuperar ese permiso que nadie te dio de niño para comunicarte.
Aprender a comunicar tus razones y tus afectos es esencial para vivir con más libertad, mejorar tus relaciones y, sobre todo, reconectar contigo mismo.
Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar

