Qué ocurre tras sufrir un abuso y cómo recuperar el control de tus límites

persona que es consolada por otro

Si en algún momento de tu vida sentiste que una situación de maltrato o trauma superaba tus fuerzas, o si has visto a un ser querido atravesar un dolor semejante, es posible que conozcas de cerca la sensación de estar en alerta permanente. Tras sufrir un abuso, el sistema nervioso y la psique experimentan un impacto profundo que altera la manera en que nos relacionamos con el entorno y con nosotros mismos.

Como psicólogo veo con frecuencia en mi consulta cómo las consecuencias de una experiencia traumática no siempre se manifiestan de forma evidente, sino a través de patrones silenciosos que dificultan el bienestar cotidiano.

Modo supervivencia. Una respuesta de protección que agota

Frente a una experiencia traumática, el organismo reacciona activando mecanismos de defensa, reacción biológica que busca una protección inmediata. Este estado conocido como “modo de supervivencia” puede ser necesario en algún momento del peligro.

El problema aparece cuando esa alarma permanece encendida aun cuando cesara el peligro. Una víctima de abuso que vive en modo supervivencia suele sentirse atacado, perseguido o con la necesidad imperiosa de defenderse ante situaciones cotidianas que no representan un peligro real. Esta hipervigilancia constante consume una enorme cantidad de energía física y emocional, manteniendo al cuerpo y a la mente en un estado de tensión incesante.

La pérdida de límites y el bloqueo en la toma de decisiones

Estar centrado en defenderse impide atender otras funciones vitales para el desarrollo personal. Una de las capacidades que más se resiente es la de establecer límites interpersonales claros. Cuando el foco está puesto únicamente en sobrevivir, resulta muy complejo identificar dónde termina el propio espacio personal y emocional, y dónde se inicia el de los demás, o no se sabe decir “no” de manera firme y asertiva.

En esta incapacidad de tomar autónomamente decisiones, la persona puede sentirse insegura respecto a sus propios criterios, supeditando sus elecciones al miedo, a la evitación del conflicto o a la búsqueda de aprobación externa.

El efecto contradictorio de la sobreprotección familiar

Es frecuente que el entorno cercano, impulsado por el afecto y el deseo legítimo de mitigar el sufrimiento, pudiera reaccionar sobreprotegiendo a quien sufrió un abuso. Aunque esa respuesta nace de la legítima preocupación, a menudo puede producir un efecto contrario.

Al asumir la responsabilidad de proteger de cualquier riesgo o al tomar las decisiones en su lugar, la familia impide que la persona abusada ponga a prueba sus propios recursos para afrontar la experiencia vivida. Esa sobreprotección termina ratificando en la víctima la percepción de su propia fragilidad y capacidad de ejercitar la autonomía.

La liberación del trauma para recuperar la autonomía

Superar el impacto de un abuso no consiste en olvidar lo sucedido ni en esforzarse por “pensar en positivo”. Requiere un trabajo terapéutico focalizado en la liberación del trauma que permita procesar las respuestas de defensa que quedaron bloqueadas en el pasado.

Mediante este acompañamiento profesional, es posible restaurar paulatinamente la sensación interna de seguridad en estas personas vulneradas. A medida que el organismo integra que el peligro ha concluido, puede reconectar con sus recursos personales, aprender a establecer límites saludables y recuperar con firmeza la capacidad de decidir sobre su propia vida. Sanar es, en última instancia, volver a habitar el presente con plenitud y libertad.

Soy Fernando Aylwin, psicólogo y constelador familiar